El tremendo error de la automoción

Cada año suelo interesarme por los anuncios publicitarios en los intermedios de la Super Bowl, en la creencia de que, de alguna manera, tienden a reflejar tendencias en la sociedad.

Este año, me he fijado especialmente en los anuncios de automóviles, y me ha llamado bastante la atención la ausencia de marcas norteamericanas, un ejemplo claro de compañías desorientadas, prácticamente perdidas en la inevitable transición a un vehículo eléctrico que, impulsada de manera enormemente significativa desde todos y cada uno de los estamentos gubernamentales, supone una gigantesca oportunidad para el país no solo de obtener ahorros a todos los niveles, sino también de salvar muchas vidas.

La enorme inversión pública en la transición al vehículo eléctrico está llenando las carreteras norteamericanas de estaciones de carga y empezando a convencer a aproximadamente la mitad de los ciudadanos del país para que adquieran un vehículo eléctrico en los próximos dos años, pero se trata de una carrera muy cuesta arriba: a pesar de tener amplísima información sobre las bondades de la transición y de tener una renta media que hace posible que muchas personas se los planteen, a los norteamericanos les cuesta enormemente enamorarse de los vehículos eléctricos, y de hecho, GM está ahora mismo haciendo la barbaridad de dar la vuelta a su estrategia para volver a promover sus automóviles híbridos, un engaño absurdo que no soluciona prácticamente ningún problema y que simplemente blanquea a la mayoría de los conductores, que en la práctica los usan prácticamente siempre como vehículos de combustión interna.

Pero más allá de la ausencia de las compañías norteamericanas, llama la atención la dualidad entre las compañías europeas o surcoreanas, que tanto en el caso de BMW como de Volkswagen o de Kia dedican sus anuncios a sus vehículos eléctricos, mientras que las dos compañías japonesas que adquirieron los carísimos espacios publicitarios en los intermedios de la gran celebración norteamericana, Toyota y Kawasaki, los dedicaron a mostrar sus vehículos de combustión interna enfocados al auténtico petrolhead, con dos de los que se han considerado entre los peores anuncios de este año.

El caso de la automoción europea o surcoreana es, por supuesto, completamente digno de un caso de estudio de flagrante greenwashing, dado que se limitan a anunciar productos en los que siguen sin confiar especialmente, mientras siguen dedicando la inmensa mayoría de sus esfuerzos a comercializar sus vehículos de combustión como si no hubiera un mañana y como si la emergencia climática no existiese. Pero el de los japoneses, dedicados aún a intentar convencer al mercado de que «sus vehículos son más potentes» cuando eso ya es completamente falso y, en muchos casos, completamente ridículo y burdamente estereotipado, refleja una miopía tan importante, que es también como para hacérselo mirar.

El colapso de la automoción tradicional es cada vez más evidente. Y lo peor es que no solo será un problema para ellos, sino que tras haber monopolizado los beneficios durante décadas y de haber envenenado el planeta, vendrán ahora a pretender socializar las pérdidas, a enviar trabajadores al desempleo y a quejarse porque «no tuvieron tiempo de llevar a cabo su reconversión».

Francamente patético. De aquí al año 2030, como dicen unos fabricantes chinos que no cejan en su empeño por convertirse en la gran fábrica mundial de automóviles de todo el mundo, vamos a vivir tiempos muy interesantes.

Por Admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *