Las Apple Vision Pro y la adopción tecnológica

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «Con gafas y a lo loco» (pdf), y trata de explicar los supuestos escándalos mediáticos desencadenados a partir de los primeros vídeos virales de usuarios utilizando las Apple Vision Pro en todo tipo de circunstancias, así como las especulaciones sobre el futuro de este tipo de dispositivos.

La llegada de las primeras unidades de las gafas Apple Vision Pro a las manos de los usuarios ya están dejando todo tipo de imágenes peregrinas y absurdas en las redes sociales: desde los que pasean con ellas puestas por la calle escoltados por un perro robótico en lo que es claramente más un simple happening que una actitud, hasta el que supuestamente trabaja con ellas en el metro, se baja de un coche con movimientos sobreactuados o incluso lo conduce mientras gesticula, en lo que supone obviamente una temeridad perfectamente sancionable, además de una soberana estupidez.

¿Debemos fiarnos de las primeras experiencias de los usuarios que han adquirido un producto tecnológico razonablemente novedoso o innovador? Empecemos por ahí: ¿son las Apple Vision Pro un producto innovador? Para mí, sin ninguna duda. Las gafas de realidad virtual o aumentada que hemos visto hasta ahora eran un producto cuyo uso te aislaba o te ofrecía, como mucho, una pequeña experiencia mediante una capa adicional con muy pocas pretensiones. Cuando te ponías uno de esos dispositivos, debías tener cuidado con tu entorno, estar en un sitio razonablemente seguro, o supervisado, y estabas generalmente o bien jugando, o haciendo un uso muy puntual. El uso era tan exclusivo, que hasta las aseguradoras reportaron un incremento en la accidentalidad doméstica derivado del uso de este tipo de dispositivos.

Las Apple Vision Pro son un producto diferente, que como hace la compañía habitualmente, reimagina la realidad aumentada para convertirla en una pantalla surrogada, en algo que nos libera de tener que estar frente a nuestro ordenador y nos permite hacer muchas de las cosas que haríamos en él, pero en un contexto más flexible. Ese contexto puede ser sentado en un sofá o moviéndote, aunque lo normal es que para una tarea razonablemente duradera, como consumir contenido, leer noticias o muchas otras cosas, sea recomendable apoyar la cabeza para evitar los dolores de cuello producidos por mantener un objeto de algo más de medio kilo sujeto bajo la frente.

Entre eso, y la pretensión de caminar por la calle o conducir un vehículo con las Visio Pro puestas va un mundo, y ese tipo de actitudes solo pueden identificarse o bien con la estupidez más absoluta, o con demostraciones absurdas destinadas a hacerse virales, o con la imperiosa necesidad de demostrar al mundo que eres el orgulloso (y estúpido) propietario de unas Visio Pro. Nada justifica que camines por la calle con una especie de gafas de bucear puestas que obviamente impiden en gran medida tu visión periférica y que, además, te distraen enormemente, y mucho menos, que intentes conducir, por mucho que el coche lo haga supuestamente por ti. Pero este tipo de situaciones son simplemente astracanadas propias de las fases iniciales de adopción tecnológica, las hemos visto en muchas ocasiones, y las seguiremos viendo. No son un comportamiento significativo, y si apuntasen a convertirse en uno, ya llegará la ley a poner coto a esos desmanes.

Lo interesante es ver, en primer lugar, la prueba de que, efectivamente, el producto es usable, es novedoso y posibilita incluso usos completamente irracionales. La idea de una pantalla virtual que pongo donde me da la gana y que tiene una calidad que me permite trabajar con ella, consumir contenidos o, simplemente, plantearme prescindir de la pantalla de toda la vida es potente, y a pesar de su precio, está destinada a extenderse y a hacer del llamado spatial computing una realidad. Que esa adopción se dé más rápido o más despacio, depende de muchas cosas: en primer lugar, el precio del dispositivo y lo novedoso o disruptivo de su uso, que parecen sugerir más bien un despliegue largo que una adopción inmediata. En segundo, el desarrollo de su ecosistema de aplicaciones: algunas compañías que habían anunciado que no desarrollarían apps para las Visio Pro ya parecen estar cambiando de opinión. Y en tercero, la llegada de clones de todo tipo que permitan enjugar el impacto del elevado precio y que ofrezcan funcionalidades seguramente no idénticas, pero tal vez suficientemente parecidas para algunos estándares.

La primera semana con las Vision Pro en el mercado parece sugerir, primero, que hay mucho idiota suelto con tres mil quinientos dólares para gastar, pero segundo y más importante, que el producto responde a unas expectativas muy elevadas, y que de hecho, puede plantear un uso potencialmente disruptivo: liberarnos, para muchas tareas, de la esclavitud de tener que estar delante de nuestro ordenador. Seguramente eso será más adecuado para tareas más unidireccionales – escoger una ventana, presionar un botón, elegir una opción, etc.- que para otras que requieran una entrada de información más sistemática – textos, números y similares – pero ya lo veremos: un teclado virtual, de entrada, me parece poco práctico, pero me he acostumbrado a cosas peores.

¿Comportamientos? Hace pocos años, ver a alguien en la calle hablando solo y gesticulando nos hacía preocuparnos por su salud mental. Ahora, todos asumimos que lleva unos Airpods o clon similar, y que está hablando por teléfono. Dentro de algún tiempo, ver a alguien en una cafetería con unas gafas de bucear puestas señalando cosas, agrandándolas con el característico gesto con dos dedos, o tecleando en el aire es posible que se haya convertido en algo habitual. Y si es así, Apple estará sentada en una pila de cash suficiente como para pagar la deuda externa de varios países pequeños, una pila todavía más grande incluso de la que ya tiene ahora mismo. Y lo que es más importante: lo habrá vuelto a hacer.

Por Admin

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